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Primogénito,
de Florencia Levinton, puede leerse como un manojo de aventuras
de una madre y de un hijo poco convencional. También puede
entenderse como un aprendizaje, a través del crecimiento de
un hijo, de la huellas que deja el paso del tiempo. No pretende
ser un estudio psicológico sino tal vez un vínculo o necesidad
de comunicación con aquellas madres primerizas que tienen
la ilusión de que ese primer hijo sea como un muñeco. La dura
realidad las sorprende cuando el "muñeco" no sonríe constantemente,
quiere comer cuando le da la gana y no a las horas fijas que
decretó el médico, hay que cambiarlo cuando lo necesita y
no cuando uno quiere verlo lindo y cuando, como un ángel,
uno lo acuesta a dormir y el querubín se niega a alaridos.
Se presenta entonces la contradicción del hijo "inesperado".
Por mas que la madre se considere a sí misma apta para la
maternidad, adulta y prudente, de a poco el vástago se va
transformando en el maestro, moldeándola, cambiando toda su
perspectiva de vida. Las únicas armas con la que cuenta la
primeriza de un heredero insólito son las de la intuición
y el sentido común. El libro, con sus experiencias, aventuras,
ansiedades y ternura, agrega otra herramienta para comprender
el dilema que asalta a las inexpertas madres de primogénitos
creativos.
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